Primera Fotografía
La primera fotografía de la historia que se conserva fue tomada en 1826 por el ingeniero francés Nicéphore Niépce, desde la ventana de su granero, en Francia. El análisis de la fotografía ha revelado los materiales utilizados por Nicéphore: una placa fotográfica de estaño pesado recubierta con una mezcla líquida de betún de Judea y aceite de lavanda, que se endurece al exponerse a la luz.
Joseph Nicéphore Niépce ha pasado a la historia por ser el hombre que consiguió la primera fotografía, logrando imágenes mediante el método que denominó heliografía.
Louis Daguerre tomo su idea y la mejoró logrando su propia fama. Durante los primeros años experimentó con barnices sensibles a la luz, con cloruro de plata, pero, no fue capaz de conseguir imágenes permanentes y que no se terminaran desvaneciendo. Después probó con betún de judea lorgando mejores resultados. Más tarde, en 1822, comienza a conseguir resultados duraderos, pero esos primeros negativos quedan destruidos al intentar positivarlos.
Niépce nunca fue un buen dibujante, cuando perdió a su hijo con grandes cualidades artísticas tras su decisión de alistarse en el ejército, tuvo que aprovechar su experiencia como litógrafo y químico para buscar nuevas formas de producir.
Según él mismo trataba de buscar un método gráfico que le permitiese reflejar la realidad sin tener que recurrir a la habilidad de ser bueno con el dibujo. Una obsesión que le llevó al descubrimiento de algo grande, como ha ocurrido muchas veces en la historia.
Sin embargo, la primera fotografía, de Joseph Nicéphore Niépce, para las casas de subastas fue ésta la titulada Tirando de un Caballo, una reproducción de un grabado holandés, que se considera de 1825. De hecho, fue vendida en marzo de 2002 al Museo Nacional de Francia.
Según él mismo trataba de buscar un método gráfico que le permitiese reflejar la realidad sin tener que recurrir a la habilidad de ser bueno con el dibujo. Una obsesión que le llevó al descubrimiento de algo grande, como ha ocurrido muchas veces en la historia.
Sin embargo, la primera fotografía, de Joseph Nicéphore Niépce, para las casas de subastas fue ésta la titulada Tirando de un Caballo, una reproducción de un grabado holandés, que se considera de 1825. De hecho, fue vendida en marzo de 2002 al Museo Nacional de Francia.
Durante los años siguientes comenzó a experimentar con barnices sensibles a la luz, y más tarde con cloruro de plata, pero, como muchos coetáneos, no fue capaz de conseguir imágenes permanentes y que no se terminaran desvaneciendo.
Sus mejores resultados los consiguió cuando decidió untar betún de Judea sobre placas litográficas para inmortalizar sus imágenes. En 1822, Niépce tomó un grabado del Papa Pío VII, y lo untó en aceite para hacerlo transparente. Expuso ese grabado a la luz del sol, dejando la placa untada en betún detrás, de tal modo que la luz del sol pasase a través de las partes claras del grabado endureciendo la capa de betún de Judea a la placa, dejando las partes de sombra sin endurecer. Después, tomó la placa litográfica y la sumergió en aceite de lavanda, de tal modo que las partes no endurecidas se disolvieron, dejando el grabado plasmado en la placa.
Esta réplica se perdió, y pocos años después llegarían las que serían las primeras fotografías conservadas.
Existe mucha controversia para determinar cuál fue verdaderamente la primera fotografía, aunque la que más comúnmente se ha reconocido como la primera fotografía de la historia se trata de Punto de vista desde la VENTANA de Gras, tomada a través de su ventana en 1826.


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