5 grandes obras de Paul Cézanne
Paul Cézanne, hijo de un banquero, comenzó sus estudios en un colegio de su ciudad natal, allí hizo relación con Émile Zola. Cuando finalizó, se matriculó por influencia de su padre en la facultad de derecho, pero en verdad descubrió que su vocación era la pintura.Así instaló su primer estudio en la casa campo de su padre, hasta que posteriormente su madre y hermana le animaron a ir a Paris para reunirse con Zola. Allí se instaló en la Academia Suiza para luego poder ingresar en la Academia de Bellas Artes.
Sintiéndose incapaz de pintar, regresó a Aix y trabajó en el banco con su padre, pero más tarde decidió volver a París, ya que definitivamente se decidió por la pintura. Volvió a estudiar en la Academia, donde conoció a Pissarro, gracias a esta amistad que obtuvo, Cézanne dio un giro a su estilo, soltándose de las normas académicas y de la parte sombría que le caracterizaba.
Cuando ya por fin se decidió a exponer, sus obras fueron varias veces rechazadas por el Salón de Otoño, lo que le provocó un profundo resquemor.
Conoció a una modelo, con la que tuvo un hijo.
En París realizó una exposición de paisajes, junto con Pissarro entre otros, durante el período impresionista.
Más tarde su padre falleció, y Cézanne abandonó a su mujer e hijo volviendo a instalarse en Aix, donde pintó una serie de cuadros de montaña de Sainte-Victoire.
Continuó con su actividad en el anonimato, hasta que se organizó una exposición sobre su obra, la cual fue bien recibida por la crítica, que le abrió más puertas hacia la pintura.
El Salón de Otoño le dedicó una sala de forma exclusiva, en reconocimiento póstumo, esto fue un acontecimiento fundamental para las próximas vanguardias. Cézanne murió dos años después. Esta exposición representó a Cézanne como el padre del cubismo y el fauvismo.
Aquí las 5 grandes obras de Cézanne:
Le Chateau Noir. 1904. Óleo sobre lienzo.En una colina cerca de la cantera Bibémus había una antigua casa conocida como el Château Noir. Cézanne comenzó a pintar en el área de alrededor, encontrando numerosos motivos en los bosques de la finca. La casa, en su aislamiento decrépito, inspiró algunas de las imágenes más premonitorias del artista. Los espacios cerrados de las pinturas del Château Noir y la cantera Bibémus cuentan entre sus más emocionalmente profunda imágenes y son indicativos de una melancolía decidida que impregna la obra de Cézanne en su última década. Por este tiempo, que sufren de diabetes, el artista se había obsesionado con la realidad de su propia mortalidad.
Los grandes bañistas. 1905. Óleo sobre lienzo.
En esta parte final de la carrera de Cézanne, hay una preocupación de síntesis entre dos fuentes de inspiración: la memoria y la naturaleza. En este caso Cézanne utiliza la parte mental, memoria, para realizar una obra basada en el triángulo.
El entorno que sirve de decorado es el de unos bañistas a orillas del río Arc.
En cuerpo humano deja de ser sensual, para ser un elemento de la composición.
El dibujo que delimita los cuerpos no impide que los colores del entorno se mezclen e invadan a algunas de las figuras humanas, que parecen tener el tratamiento propio de meros objetos.
La sensación de profundidad en el espacio se logra mediante la hábil disposición de los cuerpos en planos sucesivos, y potenciada por el uso de masas de colores cálidos y fríos alternando.
Los jugadores de naipes. 1892. Óleo sobre lienzo.
Un ejemplo de obra de transición entre la etapa constructiva y la sintética es la conocida obra Los jugadores de cartas (1892-93). Los personajes están construidos, en cuanto a masas y volúmenes, mediante el uso del color.
Hay una cierta desproporción entre el tamaño de las cabezas y la de los cuerpos. Se trata de un recurso para transmitir mayor sensación de masa, de estructura en las formas. Así, los brazos son cilíndricos, lo mismo que el sombrero del jugador de la izquierda. El sombrero del otro jugador parece semiesférico. Cézanne se esfuerza por reducir las formas imperfectas de los objetos tal y como se presentan a la sensación, a las formas puras que constituyen su esencia duradera.
Naturaleza muerta con manzanas y naranjas. 1899. Óleo sobre lienzo.
Meyer Shapiro subrayó la suntuosidad casi regia de esta naturaleza muerta, de la que parece emanar toda la alegría del pintor por la abundancia y la profusión de las cosas coloreadas. En la mesa, en el plato, en el frutero, el pintor dispone luego las manzanas y las naranjas, observándolas desde puntos de vista diferentes, para exhibir con mayor claridad su volumen volumétrico y su precisa función pictórica.
El cuadro está construido con arreglo a un vertiginoso movimiento diagonal que crece de izquierda a derecha, y hasta las frutas están dispuestas en pirámide para acentuar el efecto dinámico y ascensional de toda composición. Toda diferencia entre profundidad y superficie es debidamente disimulada y las cosas se proyectan hacía delante, ostentando su forma pura y esencial y el modo con que dialogan con el espacio. El efecto es denso, casi de amontonamiento: el cuadro parece organizado en todas sus partes con precisión geométrica y brilla a merced al intenso cromatismo de las frutas , verdadera sinfonía de amarillos, anaranjados rojos, que repiten sus vibrantes valores incluso en las flores que adornan el tapiz.
La casa del ahorcado. 1873. Óleo sobre lienzo.
Entre los años 1873 y 1879 Cézanne realizaba frecuentes sesiones de trabajo con Pissarro, realizando varias estancias con él en Pontoise y Auvers-sur-Oise. Como consecuencia de su trabajo con Pissarro, Cézanne aclara su paleta, utilizando colores más claros.
Esta «Casa del ahorcado», de 1873-74 es un ejemplo del trabajo de Cézanne en su intento de superar la captación fugaz del momento de los impresionistas. En este cuadro realiza una composición espacial más elaborada. Las formas son sólidas, se han materializado, en contraste con el enfoque puramente impresionista, que sobre todo enfatiza el papel de la luz en su incidencia sobre los objetos.
De la obra destaca el personal sentido de masa y de planos en interacción de Cézanne. En esta obra es evidente que Cézanne ha asimilado el uso de la luz y el color según los principios del Impresionismo. Sin embargo, pierde la pincelada típica de este estilo.





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